El sonido inconfundible del teclado que acariciaba Nick McMeil recreó la paradigmática melodía de Don’t You (forget about me). En realidad, los acordes nacieron con vocación de susurro. No era una declaración de intenciones formal, como sucede en la versión original de la canción, con la banda metiéndole mano sin subterfugios, ni cortapisas a uno de los éxitos más trascendentes del grupo escocés a partir de un golpe seco de la batería. Era una apuesta por la intimidad, quizás con la finalidad de recrear una atmósfera marcada por la teatralidad. En esencia, un concierto conlleva una representación. Lo cierto es que la armonía ya formaba parte del imaginario popular a la altura de agosto de 1986. Nick McMeil no llevó al enigma a los treinta mil seguidores que se citaron en el barrio de Orriols. Más bien elevó los registros espirituales de una noche legendaria que forma parte del relato de los conciertos históricos desarrollados en la ciudad del Turia.

Don’t You (forget about me) brotó de la mente de los Simple Minds para perdurar y para alcanzar la inmortalidad. Es una evidencia, en los años finales de la segunda década del tercer milenio, que la canción sigue concitando emociones para agitar el cuerpo de aquellos que la escuchan con atención. Aquel concierto cerraba un tour devastador. El grupo que lideraba Jim Kerr aterrizó en Valencia después de tocar apenas unas noches antes en la bella y romántica París. Había algo de apocalíptico y de profético en la presencia de los Simple Minds en tierras valencianas. No había más conciertos fechados sobre el horizonte. Aquella infernal noche de agosto sobre el campo del Levante F.C., como lo apellidaron erróneamente algunos medios de comunicación que cubrieron el evento, el contador de los escoceses se paró.

Después de nueve años dando tumbos por el mundo, desde que se proyectaran desde la siempre rebelde Escocia en 1977, el grupo fijaba una tregua. Jim Kerr concedió las claves del armisticio alcanzado en El País el 18 de agosto de 1986. “Somos gente normal y necesitamos vivir con nuestras familias y amigos. Sería imposible inspirarnos si tocamos conciertos todos los días”. La banda necesitaba resetear su cabeza para rastrear nuevas motivaciones. Si las musas no vienen quizás haya que salir afuera a buscarlas. Así que la estancia en el Ciutat incluía un halo de despedida después de catorce meses agotadores. Y ya se sabe que los comportamientos de los grupos, son en infinidad de ocasiones, impredecibles. De ahí el pavor a no escuchar nunca jamás a los Simple Minds. Y quizás por esa razón el Ciutat reventó para la ocasión. “Treinta y cinco mil personas asistieron en Valencia a su último concierto europeo”.

Fue el antetítulo escogido por Javier Espiniella en el Periódico ABC. Cuentan las crónicas fidedignas y contemporáneas que no fue una noche fácil de digerir. Hubo que sortear distintos inconvenientes. El fuego ardiente, propio del período estival, conjugó con la pasión de una jornada alegórica. “Los desmayos se encadenaban y el pegajoso calor perseguía a sus víctimas hasta un reducto amurallado donde despertar a los muertos”, relata ABC. El agua corrió impregnando las primeras filas de la masa que siguió el concierto desde el verde del Ciutat. La organización tuvo que solventar otro tipo de contratiempo quizás de mayor envergadura. En ese sentido, hubo que improvisar en la búsqueda de los teloneros. El cartel de la cita anunciaba a los Waterboys como ilustres convidados con el objetivo de ofrecer las primeras pinceladas, pero el grupo, también originario de Escocia, no compareció.

Durante mucho tiempo se advirtió que se había disuelto en las jornadas inmediatamente anteriores. No obstante, el paso del tiempo cercenó esta especie de leyenda urbana. Michel Scott su inconfundible y carismático líder, mucho tiempo más tarde del relato de estos hechos, ratificó que su agente nunca llegó a confirmar la presencia de la banda. Lo cierto es que el cambio de planes propició que Comité Cisne ocupara su lugar en una jornada de signo preminente. El grupo que acaudillaba Goñi tuvo que acelerar su regreso desde Ibiza, donde había participado en el Sun Festival, para compartir escenario junto a los Simple Minds.

La banda valenciana compuesta por Remi Carreras, Macías y Copi, junto a Carlos Goñi, abrió fuego con una convincente puesta en escena. No fue un hecho accidental la presencia de Comité, ni la fortaleza de su directo. En la segunda mitad de los años ochenta se consolidaron como uno de los apuestas estandartes de la ciudad para emerger hacia el exterior y conquistar el panorama nacional. Una vez más sobre el fondo de Orriols recayó un escenario superlativo. Se estima que su montaje costó entre quince y veinte millones de pesetas. Nada quedó al azar. Los técnicos madrugaron para llegar al Ciutat unos días antes con el fin de edificar su complicada construcción.

El grupo todavía estaba en París. Y parte de aquel material se aprovecharía para lanzar un disco en directo que recogía las emociones del Tour. El escenario incluía bengalas, fuegos artificiales y un buen sonido en la despedida temporal de los escoceses. No parece que eligieran mal. La elección estaba plenamente justificada en virtud del ascendente y de la complicidad que mantenían en tierras valencianas. Los Simple Minds habían arraigado en el imaginario local con mucha anterioridad al bautismo del single Don’t You. Tenían una legión de seguidores que los veneraban. Lo atestigua el concierto que habían protagonizado en 1984 en Pachá. Su éxito estaba todavía muy cercano.

No obstante, el cambio era drástico ante el potencial que ofrecía el Ciutat, principalmente desde un prisma numérico. Era la única presencia en España y además el colofón a una extenuante gira. Valencia contaba con un interesante circuito musical desde la claridad de los años ochenta. Había una agitada escena local proclive para la proliferación de grupos que entroncaban con los postulados del fenómeno conocido como los New Romantics. La new wave caló en la capital. En Barraca o en La Marcha sonaba la música del momento. Y no tardarían en incrementarse nuevas opciones de ocio cultural nocturno. Las propuestas se multiplicaban en una ciudad abierta a los cambios y curiosa. Los Stray Cats, con Glamour como teloneros, actuaron en la discoteca Bony en Torrente. Por la sala NCC pasaron Derribos Arias, Parálisis Permanente o Siniestro Total. Y los Soft Cell llegaron a la sala Éxtasis en Llombay. Los grupos nacionales incluían Valencia en sus giras.

Valencia era un punto de efervescencia musical. Y aquel concierto de Simple Minds no pasó desapercibido. Penetró en el imaginario para desafiar el paso del tiempo y perpetuarse en la memoria de los valencianos. Jim Kerr saltó a la escena con una chaqueta roja que dejaba adivinar un colorido chaleco y una convencional blusa blanca sin cuello. Kerr estuvo acompañado por Michael Mac Neil en los teclados, Charles Burchill a la guitarra, John Giblin al bajo y Mel Gaynor a la batería. Con una eterna sonrisa fue desbrozando los éxitos de un grupo que fue virando desde el funky hasta el pop más elaborado pasando por el rock. La noche resumió los siete elepés hasta esa fecha publicados. Waterfront descorrió el telón. Promised you a miracle, Alive and Kicking, All the things she said, Once upon a time o Sun city le sucedieron. Las canciones resonaron ante una audiencia entregada. Al filo de la media hora Don’t Yoy (forget about me) amenazó con emerger. Y el Ciutat perdió el sentido. Simple Minds regresarán a Valencia en junio para formar parte del cartel de 4ever Valencia Fest. Treinta años más tarde presentarán su decimoctavo LP.