Igual sacude con contundencia el banquillo en busca de soluciones que no nacen precisamente desde la ortodoxia, que decide poner un punto y seguido a una prometedora carrera como entrenador principal para acompañar a Juande Ramos en la gélida aventura por Ucrania al frente de los destinos de Dnipro Dnipropetrosvk en calidad de segundo preparador. Es Juan Ramón López Muñiz, no se deja gobernar por los convencionalismos, y en el tiempo más presente atraviesa por un período de efervescencia y de una felicidad extrema tras conducir a la escuadra azulgrana al umbral de la Primera División retando a la mismísima velocidad de la luz. En ese sentido, le han bastado treinta y seis jornadas para escuchar la música celestial que emana del ascenso a la máxima categoría del balompié profesional. Desde otro prisma convergente; le han sobrado seis semanas en la asunción de quizás uno de los retos más superlativos de su carrera como técnico profesional. El hecho resalta la naturaleza de un curso majestuoso.

Parece una evidencia partiendo de las premisas que abren este texto; el riesgo forma parte de su vida y también aparece explícito en las distintas determinaciones deportivas adoptadas a lo largo de su trayectoria. Y nunca parece rehuir a esta manera de guiarse y de expresarse aunque ese riesgo, patente en sus juicios, quede oculto bajo el manto de una personalidad que se caracteriza por la sencillez y por la franqueza. El aspecto si algo acentúa es la transparencia y la diafanidad de su discurso. “Me pagan por tomar decisiones”, advirtió con naturalidad en la sala de prensa del Ciutat de València para explicar la razón del cambio de Espinosa. Y repitió en una situación análoga semanas después con Saveljich como protagonista. La particularidad es que ambos jugadores habían ingresado en el verde desde el banquillo con el partido ya iniciado y regresaron a este espacio mucho antes de la conclusión de cada una de las confrontaciones.

No suele ser habitual, pero en ocasiones sucede. No hay estridencias en sus reflexiones y sí certezas en las palabras y en el tono escogido para verbalizar los motivos que aconsejaron este comportamiento. Lejos de centrar la mirada en los futbolistas, desterrando el escarnio público, acentuó la opción de mutar el diseño de la confrontación desde un prisma táctico. Fue una lectura desde la metodología del juego. La principal evidencia resalta que es un hombre de acción. Cuando otros están cavilando qué medida adoptar, él ya ha tomado una resolución. Y la defiende con pasión. La duda es metódica porque conlleva la búsqueda de soluciones contundentes con capacidad para cambiar la naturaleza y el sino, en este caso, de un partido.

Esa huida de esa zona de confort puede explicar la aventura que emprendió formando parte del cuerpo técnico adscrito a la figura de Juande Ramos. De nuevo rasgó cualquier tipo de convencionalismo. En 2010 en su currículum personalizado refulgía un ascenso a Primera División como entrenador del Málaga, una experiencia enriquecedora en el banquillo del Real Club Racing de Santander con la Liga Europea contextualizando la situación y una permanencia en la elite de nuevo pilotando los mandos del Málaga. Quizás Muñiz había hecho lo más difícil; perfilarse en un mundo donde la competitividad puede llegar a ser feroz y desaforada para invertir el camino. Y sin embargo, y siempre apelando a la teoría, pareció dar dos pasos atrás para quedar en un plano secundario ante el influjo y el incuestionable ascendente de Juande Ramos.

Quizás, lo que en realidad pretendía era desarrollar nuevas vivencias, aproximarse al fútbol desde otra perspectiva diferente, conocer otros entornos y otra cultura con la finalidad de impulsarse y volver con más fuerza si cabe. Lo hizo la pasada temporada como preparador del Alcorcón. Después de varias temporadas en las trincheras regresó al marco de la categoría de Plata para reedificar las cimbras de su carrera como entrenador. Fue como volver a derribar pesados muros para capitalizar la atención. No era una práctica novedosa. Todas esas percepciones ya las había sentido, pero había que reeditarlas. Entendió que no estaba en condiciones de marcar las directrices en su retorno, así que aceptó con honda sinceridad y con un profundo agradecimiento la propuesta de la institución madrileña que lo devolvía a la primera línea de fuego. Así se ha expresado cuando se ha referido a su reingreso en el balompié nacional.

El ejercicio en LaLiga 1|2|3 fue realmente meritorio y le proyectó en dirección hacia el universo azulgrana. En el Levante ha reeditado una vieja entente junto a Tito y Carmelo. El actual director deportivo fue compañero de andanzas del zaguero cuando ambos estaban vinculados a la plantilla del Numancia de Soria. Carmelo fue su preparador físico en el Rayo Vallecano de Juande Ramos a finales de los años noventa. Su relato como jugador queda completado con su estancia anterior en el Sporting de Gijón. Su génesis como jugador profesional está ligado a la escuela de Mareo. En ese entorno fue ascendiendo peldaños hasta asentarse en el equipo más representativo de la sociedad gijonesa.

Hoy forma parte del imaginario del Levante. Nunca un técnico ha logrado el tránsito a Primera División con tanta premura de tiempo y con semejante solvencia. Desde ese prisma, el curso es realmente impoluto. Y no era sencillo mutar el escepticismo generado tras el descenso de la temporada pasada por la ola de esperanza y de ilusión que agita a los estamentos azulgranas en la actualidad. Fiel a unos postulados filosóficos, de tendencia gremial y asociativa, y leal a unas ideas, que defiende con firmeza y con una honradez inquebrantable, y a un método de trabajo reconocible no escatima esfuerzos en repartir elogios y merecimientos con todos los implicados para retirarse del foco principal de la acción. Considera que es un engranaje más de una profunda cadena, pero en realidad es Juan Ramón López Muñiz.