Mirada Azulgrana

Los más nostálgicos a buen seguro que recordarán sus movimientos sobre el interior del verde. Melena ensortijada al viento, sus botas generaban al contacto con el balón redondo un flujo de corriente alterna que convertía su fútbol en plena electricidad. Y no tardó en empatizar con los seguidores granotas para formar parte de su universo. Sus palabras se amontonan para recuperar su memoria como futbolista vinculado a la sociedad levantinista. Se expresa con la misma velocidad con la que antaño regateaba a sus adversarios. Desprende energía y dinamismo. Y su conversación es fluida. En ese sentido, nada parece haber cambiado a su alrededor. Ni su figura, ni sus sentimientos. Prototipo de futbolista de acción, se le recuerda y valora por la garra, la intensidad y el ímpetu que ponía sobre el verde ungido con la camiseta azulgrana.

Aterrizó en el Ciutat de València durante el verano de 1996 con las alforjas repletas de ilusión. Una única finalidad se dibujaba en su mente; proyectarse en el marco del exigente balompié profesional. “Llegué sobre la bocina”, rememora Kaiku poniendo en orden el desarrollo de los acontecimientos. “Pertenecía al Sporting de Gijón, pero me dijeron que me tenía que hacer como futbolista y me cedieron al Levante”. No fue una decisión aleatoria. Ángel Garitano ejerció de cicerone en esta entente. Los informes del alter ego de Mané, a la sazón entrenador del club de Orriols en el retorno a la categoría de Plata, fueron determinantes. “Estaba Mané y Ondarru (Ángel Garitano) me conocía de las categorías inferiores del fútbol vasco y apostó por mí. Todo fue fenomenal. Fue una etapa muy bonita”.

Ante sus ojos se abría un cosmos por escrutar. Su escalada fue veloz, prácticamente sin pasos intermedios, como rememora. “Tuve un ascenso meteórico. Salgo de los más bajo. Jugaba en mi pueblo con mis amigos. Jugué en segunda y en primera regional. Me firmó la Cultural Durango, un club muy conocido en el País Vasco, en Tercera División. Hicimos play-off de ascenso aunque no logramos subir. Por esa etapa me firmó el Bilbao Athletic. De repente me veo en Segunda División A en el Athletic de Bilbao con entrenadores muy reconocidos como Amorrortu o Sarabia”. Y antes de iniciar su estancia en el Levante emuló a los jugadores-taxis que en los años cuarenta-cincuenta pisaban varios vestuarios en una misma temporada. De Amurrio a Orense para liderar el ascenso a Segunda A de la sociedad gallega. Es una historia de emociones antitéticas que tiene miga.

“Estaba en el Amurrio. Estábamos casi descendidos. Hice 18 goles en Liga. El Orense tuvo la baja de larga duración de su delantero y buscaron un refuerzo. A través de un representante surgió la posibilidad. Buscaban delanteros y encajaba en su perfil. Lo consulté y no me pusieron pegas porque el club estaba ya casi descendido. Jugué el último partido de Liga con el Orense y el playoff de ascenso. En la liguilla jugamos ante el Granada de Lucas Alcaraz, el Sporting B y el Valencia B de Pepe Balaguer. Marqué en el único partido de Liga que jugué. Y en los seis partidos de play-off marqué 6 goles y subimos”.

El Levante reclutó a aquel joven delantero de espíritu indómito que trataba de encontrar su espacio en el universo del fútbol profesional. “Éramos un equipo recién ascendido desde Segunda B. La idea era consolidar el proyecto. Mané hizo un grupo muy bueno de trabajo. Nos encontramos que el equipo empezó muy bien, hicimos muy buenos partidos y conectamos con la gente”. Las piezas fueron encajando sobre el campo con naturalidad bajo la savia mirada de Mané. “Había jugadores que tenían más experiencia y que llevaban el peso del equipo como Pablo o Del Val. Peralta dio un rendimiento muy bueno. Luego había gente como Ruano, Sacarés, Moran, Ino, Fede Marín y gente de la casa que rindió bien como Juanfran. Hicimos un gran grupo. Hacíamos muchas comidas. Esa comunión interna se traslada al campo. Era un equipo para salvar la categoría que aspiró hasta el final a subir a Primera División”.

Los roles habían mudado. La consistencia y el compromiso del colectivo dimensionaron su proyección. Kaiku subraya una confrontación en rojo para adquirir consciencia de esa variación. “Cada vez venía más gente al Ciutat y llegamos a diciembre con una plantilla algo escasa en cuanto al número porque Mané siempre utilizaba el mismo bloque. Sabes que la Segunda División desgasta mucho. Jugamos un partido contra Las Palmas en casa que ganamos 2-1. Se decide reforzar al equipo para dar ese pasito y poder afrontar el ascenso. No se pudo reforzar acorde a lo que se pedía y luego pagamos el esfuerzo”. Kaiku destaca el ascendente de Mané en el interior de aquel ecosistema. “Como entrenador tenía una forma de trabajar muy estricta. Lo mejor de él es que sabía conectar con el futbolista y sacar rendimiento a cada futbolista. Sabía interpretar los partidos. No buscaba innovar. Siempre estaré muy agradecido a Mané y Ondarru”.

El declive del ejercicio liguero significó su vuelta a Gijón. “El salto a Primera lo hago muy ilusionado. Era otro mundo, pero fue un año muy complicado. Hicimos historia en lo negativo, pero estoy agradecido al Sporting porque allí me dieron la oportunidad de jugar en Primera. Quizás no di el rendimiento que se esperaba, pero hubo muchos factores”. Y tras un curso en Getafe inicia un viaje de retorno al Levante. “Tras el descenso con el Sporting decido quedarme en Segunda. En perspectiva, quizás fue un error. No juego mucho y apuesta por mí el Getafe. Era un equipo recién ascendido desde Segunda División B. Fue una etapa fantástica. Tenía un año más de contrato, pero tengo contacto con el Levante que está haciendo un buen proyecto. Decido ‘Si el Getafe está de acuerdo’ vuelvo aquí sin problemas”.

Esta nueva etapa se estrena con un duelo ante el Atlético legendario con Granero en el banquillo. “Ganamos 4-1 con un gol mío. Ettien se salió”. Aquel Levante soñaba con cotas mayores. “El proyecto era muy ilusionante, pero era un año muy complicado con el Sevilla, Betis y Atlético de Madrid en Segunda División. Había equipos con grandes presupuestos que querían ascender”. La escuadra granota arrancó con convicción. “Empezamos muy bien esa etapa. Ganábamos en casa y empatábamos fuera”. No obstante, al bloque penó los veintiún empates cosechados a lo largo del curso. “Nos costó más que nada fuera de casa. No encadenamos esa racha de dos o tres victorias que te permiten estar arriba”. La valoración que efectúa es positiva. “Fue un año muy bueno”.

La antítesis se manifestó en la temporada siguiente. El relato fue turbio dese su nacimiento. La categoría de Bronce amenazó con engullir a la entidad granota. “La verdad es que bajamos con 50 puntos empatados con el Poli Ejido”. Nadie había experimentado esa sensación con semejante umbral de puntos. Frisando la treintena no desdeñó la opción de competir en Segunda B con el escudo levantinista, pero surgió ante su mirada la estela de la máxima categoría vinculado al Recreativo de Huelva para ofrecerle una oportunidad extra que quizás ya jamás esperara.

“Tenía una espina clavada en el Sporting. Era importante para mí volver a Primera. Además el Levante recibía un dinero por mí. Todos salimos ganando”. Aquel ejercicio experimentó emociones totalmente contrapuestas. Las lesiones le alejaron del verde. El Recre de Alcaraz disfrutó de la Final de Copa del Rey, pero no fue capaz de mantener su estela asociada a la elite. “Deportivamente fue un año complicado. Tengo dos lesiones y estoy seis meses parado. Hasta el final prácticamente no participé. Descendimos a Segunda y llegamos a la final de la Copa del Rey ante el Mallorca de Etoo”.

El fútbol tocaba a su fin. Era el momento de reorganizar su vida. “Siempre tuve buena relación con el club y me quería quedar en Valencia. Tuve una conversación con Pedro Villarroel. Unos meses después recibí una llamada del club para ejercer de delegado del Atlético Levante y ser segundo entrenador. Acepté y ya llevo 11 años”. Y anclado al filial sigue con expectación las andanzas del colectivo que prepara Muñiz. “Las sensaciones son muy buenas, aunque hay que ser muy cautos. Uno de los equipos fuertes de la categoría. Tiene una plantilla compensada y se ha adaptado muy rápidamente a Segunda y eso no suele ser fácil. Todo ha empezado muy bien y esperemos que vuelva a Primera”.