Paco López se desplazó a la Ciudad Deportiva de Buñol en un acto cargado de cotidianeidad en su agenda. Despuntaba marzo con esos amaneceres azulados que aventuran la llegada de la primavera mediterránea. La principal, y exclusiva diferencia, radicó en su posicionamiento. Del vestuario del filial pasó al vestuario del primer equipo. Y de la superficie del césped, sobre la que se ejercita el Atlético Levante, se mudó al campo número uno de la instalación para dirigir el entrenamiento del equipo que compite en la máxima categoría del balompié nacional. Clareaba la estela de la confrontación ante el Getafe en el Coliseo Alfonso Pérez estrechamente vinculada a LaLiga Santander. Y por el espejo retrovisor se difuminaba la imagen del duelo ante el Eldense en el marco de la competición en el Grupo VI de Tercera División. Para Paco López los cambios fueron imperceptibles, desde una concepción geográfica, pero drásticos desde una perspectiva emocional.

La apuesta en la planta noble del Levante tras confirmar la destitución de José Ramón López Muñiz conllevó el tránsito del propietario del banquillo del Atlético Levante al universo de la Primera División. El recorrido parece abrupto. No es un hecho habitual, pero hay precedentes en la historia de la sociedad. Los acontecimientos del presente concuerdan con los hechos sucedidos en las jornadas finales del ejercicio 2004-2005. La partida de Bernd Schuster propició el ingreso de José Luis Oltra. Fue un trasvase parejo. El Levante se derretía. Las similitudes son realmente milimétricas, aunque cambia, obviamente, el desenlace final. Paco López abraza una permanencia histórica que a Oltra se le escurrió.

La competición en el firmamento de la Primera División avanzaba hacia su anochecer y Oltra permutó el banquillo del filial, con sede en la Ciudad Deportiva, por la luminosidad que desprendía el ubicado en el Ciutat de València. El canje implicó un salto de dimensiones considerables en dirección a la elite. La narración no resulta del todo desconocida, si se escruta el presente y para cotejarlo con el pasado. Los paralelismos establecidos son absolutos. En el currículum como entrenador de Oltra no había muescas en la máxima categoría, si bien su experiencia era cuantificable en las divisiones menores del balompié español.

El técnico valenciano había lustrado su currículum en el Catarroja y en el C.D. Castellón antes de instalarse en la institución azulgrana. El aspecto permite establecer una semblanza con respecto a Paco López, aunque la hoja de ruta del preparador de Silla parece más profunda en virtud del número de experiencias anteriores que colecciona. Si la condición de neófitos en el ecosistema de la Primera División ejerce de ligazón, habría que introducir una nueva variable para volver a enlazar sus caminos. Para cumplimentar ese caso, hay que echar la vista atrás para reverdecer sus carreras como futbolistas profesionales.

Oltra defendió el escudo de la entidad de Orriols durante la temporada 1993-1994. El Levante trataba de recuperar el tiempo perdido para proyectarse desde la Segunda División B en busca del futbol profesional. Fue un curso repleto de espinas que germinó con José Enrique Díaz en el banquillo, si bien fue Jordi Gonzalvo quien cerró la temporada. Las coordenadas mutaron bajo el influjo del técnico catalán como acentúan las nueve victorias, en una secuencia integrada por los trece últimos partidos, que dimensionaron al equipo hacía una promoción de ascenso finalmente inconquistable. Oltra participó en veintitrés confrontaciones con un saldo de dos dianas.

No hay un salto muy hondo en el espacio-tiempo para secuenciar el paso de Paco López por el club de Orriols con las botas de tacos ajustadas. El desafío que suponía el retorno a la categoría de Plata estaba muy presente. Eran los tiempos de José Luis López al frente de la presidencia azulgrana. El Levante asumió bajo su influjo la conversión en Sociedad Anónima Deportiva. Avanzaba el mes de enero de 1995 cuando Paco López aterrizó en el vestuario como fichaje de invierno.

Intercambió las barras azulgranas del Extremadura por las del Levante. Juande Ramos impartía magisterio en el banquillo y el Levante emergía desde el sótano para presentarse en sociedad tras sumar una racha inmaculada marcada por trece victorias consecutivas en un arranque de competición superlativo. El relato de Paco López incluye dieciséis encuentros entre enero y junio de 2016. El registro consigna una promoción de ascenso estigmatizada como secuela del duelo ante el Écija en el Ciutat (2-4).

Aquella jornada los goles blaugranas llevaban la impregnación del atacante de Silla. La escuadra andaluza remontó en una reanudación mortífera. Oltra no logró el reto, aunque contaba con menos partidos. La distancia es sobresaliente. No es el único caso, si bien de la ecuación hay que desprender la variable que afecta a llegada al banquillo promocionado desde el filial. Quique conquistó el ascenso a Primera División en la primavera de 1963 tras relevar a Lelé a mediados del ejercicio. En Vallejo todavía se recordaba su figura como arquero y la leal pugna que mantuvo con Ripoll por la propiedad de la portería. Durante el ejercicio 1957-1958 defendió el marco blaugrana en siete ocasiones.

Morera capitalizó la acción del gol en la temporada 1953-1954. En un equipo intrépido ante la portería rival, marcó 101 goles en el curso, conquistó treinta. En la campaña 1966-1967 se sentó en el banquillo. Lo hizo hasta la séptima jornada del ejercicio siguiente. Después detentó la secretaría técnica. Ramón Balaguer imaginó y proyectó la plantilla del ascenso a Primera División en la claridad de los sesenta. De forma eventual ocupó el banquillo. Y en los años treinta cubrió la línea de medios del Levante F.C. Antonio Calpe también flirteó con el banquillo granota en distintas etapas. Dolz había realizado el mismo tránsito con anterioridad. El legendario Juanito Puig cambió la dirección del juego en los años veinte-treinta por la condición de estratega. Quizás sean los ejemplos más significativos.