Bardhi cambió las botas por el frac y el balón redondo por el micrófono para ratificar en público que 2017 será un año difícil de desterrar de su memoria como futbolista profesional. Lo hizo en el marco de los premios anuales que la Federación de Fútbol de Macedonia establece para laurear a los futbolistas más distinguidos del panorama balompédico del joven país balcánico. Parece del todo incuestionable que los hitos se suceden desde una perspectiva personalizada. El centrocampista de la sociedad azulgrana tenía subrayada en rojo la fecha del pasado domingo 3 de diciembre. El escenario era el Teatro de Skopje. En un ámbito incomparable recogió el galardón que le invistió como el mejor jugador del año de Macedonia. Bardhi al concluir la cita liguera ante el Málaga, en el feudo de La Rosaleda, regresó con el grupo a Valencia. Sin embargo, su estancia en la capital del Turia, durante un fin de semana en el que el fútbol concedió al colectivo granota una pequeña tregua, fue testimonial. El atacante marchó con destino a Skopje para participar en la ceremonia que reunió a los jugadores macedonios con mayor ascendente durante 2017.

En realidad, no había ningún misterio que desvelar. El motivo del regreso a su nación era conocido desde que se confirmó la distinción que corona los méritos deportivos del actual jugador adscrito a la disciplina del Levante desde el pasado verano. Bardhi, perfectamente ataviado para la ocasión, ascendió al estrado y ejerció de orador. No le traicionaron los nervios. “Me siento orgulloso de recoger este premio”, resaltó ante el calor de los aplausos de los asistentes. No fue el único jugador distinguido. Las recompensas se sucedieron para honrar a los diferentes futbolistas de su patria condecorados, pero Bardhi acaparó la atención mediática. Fue el Alejandro Magno del balompié macedonio en 2017 por su condición de conquistador y por la hegemonía impuesta. Su distinción le sitúa en la cumbre con apenas veintidós años. “Siempre he seguido estos premios, pero nunca pensé que yo podría estar nominado”, reconoce con humildad, si bien su rostro se ilumina de inmediato y las frases que confirman su estado anímico brotan.

“Me siento muy feliz porque este premio reconoce el esfuerzo y el trabajo que he realizado hasta llegar aquí. Y nunca fue fácil. Tuve que superar muchas dificultades y muchos obstáculos y me siento muy contento por todo lo que significa”. El internacional reparte méritos. No olvida a su clan. “Si soy futbolista es por el apoyo que tuve de mi familia. Mis padres se sacrificaron para que yo pudiera jugar. Eso nunca lo olvidaré”. Los agradecimientos se multiplican. No omite a sus camaradas de profesión. Ellos le han propulsado hasta la consecución de esta recompensa. “Esto es gracias a ellos también. Mis compañeros del Ujpest y del Levante han sido claves”. Lo cierto es que será complejo confinar las emociones vividas en primera persona durante la evolución de 2017.

Las impresiones se suceden. Titular habitual en las formaciones del Ujpest de Budapest, Bardhi se incrustó entre los principales goleadores de la máxima categoría del fútbol húngaro. Desde la mediapunta luchó por el cetro ante anotadores reconocidos. Su huella no fue testimonial y tuvo su inmediata traslación al ámbito de la Selección. Indiscutible en el formato del combinado Sub’21 de su país, sus meritorias actuaciones no pasaron inadvertidas durante el Campeonato de la categoría que se disputó durante el período estival. Bardhi estuvo en todas las batallas. Su rastro no se perdió. La canícula del estío provocó variaciones sustanciales en su estatus profesional y marcó su definitiva conversión en futbolista asociado al universo que conforma el Levante.

“Es una gran oportunidad para mí formar parte de la mejor Liga del Mundo”, advirtió a su llegada a Valencia en agosto. Su aterrizaje en el cosmos de LaLiga Santander generó convulsión, principalmente cuando afrontaba los golpes francos y las acciones de estrategia. El mundo parecía pararse. Y el latido de los aficionados y de los guardametas rivales también ante la majestuosidad y la clarividencia de los golpeos ejecutados con abolengo. Deportivo de La Coruña, Valencia, Real Sociedad y Eibar sintieron la virulencia de sus botas afiladas. Los goles se sucedieron. La dimensión del paso emprendido le abrió definitivamente las puertas de la Selección Absoluta. “2017 será inolvidable”, lanza con un guiño para cerrar la cuestión.