En Villarreal desenfundó su revólver para dejar su rastro en el último minuto de la confrontación. Fue un gol más simbólico que práctico, pero para Roger cuenta con una significación especial. En realidad, nunca se fue, pero quedó exiliado del grupo y de la competición liguera por culpa de una maldita lesión que se produjo durante la pretemporada. Lo que suele ser un período marcado por la ilusión y la esperanza se convirtió en un martirio desde un prisma personal tras romperse la rodilla. Advierte que retorna al verde con más fuerza si cabe. Estos meses han fortalecido su espíritu y también su alma. Y por el horizonte surgen cuatro meses que se antojan decisivos para las aspiraciones granotas. El Pistolero vuelve para quedarse.