Getafe está situada al Sur de la Comunidad de Madrid. Sus coordenadas son 40º 18’ N 3º 43’ O. Está a 640 metros de altitud y tradicionalmente se considera que ocupa el centro geográfico de la Península Ibérica, si bien el Instituto Geográfico Nacional sitúa ese espacio más al oeste ya en la provincia de Toledo. Tiene una superficie de 78’74 kilómetros cuadrados y un perímetro de 46’5 kilómetros. Y para el Levante, desde un prisma competitivo, Getafe fue algo así como un punto de encuentro con el campeonato de la regularidad porque estableció una inflexión en su diagrama de rentabilidad. Las coordenadas también están establecidas desde entonces. Fue en los primeros días del mes de marzo en el enfrentamiento que supuso el estreno oficial de Paco López en el banquillo azulgrana. El gol de Coke fue significativo porque estableció una variación en la secuencia descrita en el marco de LaLiga Santander.

El lateral apareció embozado por el segundo palo liberado de cualquier marcaje para alojar el cuero en el fondo de las mallas del equipo local. Fue una victoria purificante con efectos liberalizadores sobre el grupo. Y fue el principio de una nueva era marcada por la condición victoriosa del Levante. La escuadra del feudo de Orriols había conjugado con la victoria en tres ocasiones desde el nacimiento de la competición liguera allá por agosto de 2017. Entre el grito emancipador de Coke en el Coliseum Alfonso Pérez y el pitido final del partido de Vigo, que despidió el curso, el Levante engordó su expediente con la conquista de ocho triunfos. El número es elocuente por todo lo que destila y demostrativo de las transformaciones sufridas.

Buscaba la sociedad azulgrana un guiño de complicidad con el universo exclusivo de la Primera División. Su relación era inquietante. La angustia amenazaba con engullir a un bloque de mirada extraviada. Cada partido se convertía en un martirio que atormentaba la autoestima de la plantilla. Las semanas se acumulaban sin nada material que llevarse a la boca. Una descarga de miedo sucedía a cada confrontación. El signo de la victoria parecía difuminarse desde que se materializara en el Estadio Insular en un choque cargado de aflicción ante la U.D. Las Palmas. Aquella tarde Doukouré y Jason dibujaron la última sonrisa en clave granota. Fue el 19 de noviembre de 2017. Se habían sucedido en el calendario quince partidos tormentosos.

Pasó el frío invierno con la virulencia de un ciclón huracanado. La distancia con los equipos inscritos en la batalla por la supervivencia había menguado de manera considerable. Las diferencias eran mínimas, si bien hay que acentuar que el Levante nunca llegó a pisar el paisaje que aventura el destierro hacia la categoría de Plata. Reclamaba el Levante un parpadeo que encontró quizás en uno de los territorios más inhóspitos. No era una tarea desprovista de complejidad someter al Getafe en condición de casero. Únicamente el Sevilla, Real Madrid y Barcelona habían mancillado su honor en el relato liguero. “Tenemos ganas de ir hacia arriba. Paco trasmite energía. Estoy seguro que todo va a ir bien”, manifestó Pedro López en calidad de capitán coincidiendo con la conversión de Paco López en preparador del equipo. Nacía marzo

“Estamos todos unidos. Esto hay que sacarlo entre todos”, manifestó Morales. “El vestuario está implicado y eso me hace ser optimista”, afirmó el técnico en la rueda de prensa anterior al reto de Getafe. Era el inicio de una mini-liga entre el Levante, Las Palmas, Málaga y Deportivo. No había excusas. Era un duelo para creer. “Luchar, luchar y luchar”, fue el rugido que resonó en el vestuario del Coliseum minutos antes del arranque de la batalla con los jugadores apiñados en torno a la figura de Paco López. Y la escuadra granota se aferró a la vida. Soportó las detonaciones del Getafe en el primer acto y recompuso la situación después desde el orden y la disciplina. El bloque comenzó a virar. Durante el duelo la posesión estuvo a la par. Y el Levante merodeó por las cercanías de la portería de Guaita con insistencia. Eran indicativos de cambio.

“Salimos a buscar el partido y fuimos protagonistas”, clamó Cabaco tras aprisionar el triunfo. Aquella noche el viaje de vuelta a tierras valencianas en autobús estuvo marcado por la distención. Las risas volvieron a aflorar. “Se respira ilusión porque el trabajo diario es sensacional”, afirmó Paco López en las horas previas al choque ante el Eibar en el Ciutat unos días después. El grupo de Mendilibar medía la respuesta de un equipo en crecimiento. Su espíritu se había liberado. Boateng desterró fantasmas en un instante crucial del partido (2-1). El Levante extrajo un meritorio empate en Girona (1-1). Siete días después sometió a la U.D. Las Palmas a antes de caer ante el Atlético y hacer del triunfo una fórmula para huir de la zozobra ante el Málaga, Athletic Club, Sevilla, Leganés y F.C. Barcelona. En esa fase de la competición la permanencia era un hecho consumado. Las dudas existenciales se difuminaron, aunque el punto de inflexión se produjo mucho antes. Fue en Getafe.