Compartir unos instantes con Greta Espinoza es contagiarse de ilusión. Ella representa un claro ejemplo de persona que no desiste en la lucha por un sueño y ese espíritu es el que le lleva a convertirlo en realidad. Su perenne sonrisa no hace más que exteriorizar lo que siente en su interior; es feliz en su nueva etapa en el Levante UD Femenino.

Pese a que en la actualidad el fútbol es su pasión y por él ha realizado los mayores sacrificios, curiosamente el balompié no fue su primera opción en los inicios en el mundo del deporte. “Es algo anecdótico porque mi primer deporte no fue el fútbol. Empecé con otros deportes como gimnasia, natación, ballet… Mi madre me dijo que tenía que elegir un deporte en el que estuviera un año. Tenía 7 años y le dije que quería jugar a fútbol. Mi madre se sorprendió después de haber practicado deportes que la sociedad todavía ve más como de niñas. Mi padre se puso contento porque él ha jugado a fútbol. Empecé a ir con niños, mi primer entrenamiento fue muy bien, y desde los siete años ha sido el deporte que amo”, comenta Greta. La mexicana no comenzó sola a dar sus primeras patadas al balón. Con ella fue su mejor amiga de Primaria, Natalia Rodríguez. “Le invité a ir al fútbol conmigo y era como mi hermana. Tengo una hermana pero a ella no le gustaba el fútbol”.

Pronto se dio cuenta de que había acertado con la decisión de dejar a un lado otros deportes para practicar fútbol y este era el que realmente le llenaba y por el que estaba dispuesta a dedicar todos sus esfuerzos para seguir progresando. Su pasión le llevó a trabajar duro y también a empezar a soñar con cotas más altas. Nada ni nadie podía frenar sus ganas por continuar avanzando en este deporte y obtuvo su recompensa. “Con 16 años llegó mi primera convocatoria con la Selección, la Sub-17, y desde ahí he tenido la oportunidad de representar a mi país con la Sub-20 y con la absoluta”. Con el combinado mexicano Sub-17 jugó el Mundial de Azerbayán en 2012 y el Mundial de Canadá en 2014 con la Selección Sub-20. Logró la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se celebraron en 2014 en Veracruz y en 2015 jugó el Mundial de Canadá y disputó los Juegos Panamericanos. Tal y como ella afirma, “2014 fue uno de los mejores años que he tenido. Jugué el Mundial Sub-20 y después debuté con la absoluta consiguiendo la medalla de oro. Lo recuerdo con mucha alegría”. Un palmarés más que destacable que le llevó a empezar una nueva etapa en Estados Unidos, vinculándose con el Arizona Western en 2015 y con el Oregon State en 2016

Con los pies en el suelo, Greta nunca ha olvidado la importancia de seguir avanzando en sus estudios. Se encuentra en el último curso de Administración de Empresas y, aunque supone un esfuerzo extra compaginar los estudios con el fútbol, reconoce que “la recompensa es mayor y al final no te cuesta tanto porque es algo que te gusta hacer. También es verdad que el tener compañeras que hacían lo mismo me ayudó muchísimo, nos apoyábamos mutuamente y mi familia siempre estuvo presente”. Para perseguir su sueño se ha visto obligada a realizar muchos sacrificios y, entre ellos, el más importante ha sido el de estar lejos de su familia. Sin embargo, todo lo que le aporta el fútbol le reconforta porque “te da alegrías y muchas amistades. Creo que el fútbol me ha traído las mejores amistades y se lo voy a agradecer siempre. Además, es un estilo de vida. Ha forjado mis valores y me ha ayudado a crecer como futbolista y como persona. También ha pagado mi universidad y ahora me ha traído a España que era uno de mis sueños desde pequeña”. Sin duda, poco más puede pedir. Reconoce que comenzó a soñar con jugar en España cuando tenía 16 ó 17 años y, sobre todo, cuando vio a compañeras de la Selección como Charlyn emprender una nueva etapa en el fútbol español. “Charlyn ha sido un gran ejemplo para mí”, asegura. “Lo vi más cerca y me aferré más a ese sueño y conforme pasaban los años tenía más ganas de venir a España, no a Europa en general, sino a España. Así que cuando se presentó la oportunidad dije ¿cuándo viajo?”, comenta entre risas.

Y así llegó a Valencia, con una enorme sonrisa que continúa dibujada en su rostro. Desde el momento en el que pisó la capital del Turia se sintió integrada porque “la adaptación ha sido muy rápida, el equipo me ha arropado muy bien y me ha ayudado muchísimo. El tener aquí a Charlyn ha sido importante y también Kenti –jugadora del Atlético de Madrid- estuvo pendiente. Fue más difícil la transición de Tijuana a Estados Unidos. Aquí me sentí como en casa, a lo mejor también porque ya había vivido esa experiencia, pero me siento muy a gusto”. Cuando alguien inicia una nueva aventura es inevitable pensar cómo será y qué encontrará. “Te haces mil historias en la cabeza pero siempre es diferente para bien”. Admite que uno de los motivos que le ha llevado a adaptarse tan bien a su nuevo club es que el Levante UD “es un club muy familiar. No solo te ve como jugadora, te quiere conocer como persona. En general, todas las personas se acercan y te preguntan cómo estás, cómo ha sido tu adaptación, cómo te sientes y eso es algo muy importante para sentirte un poco más cerca de casa aunque estés muy lejos”.

Esta primera experiencia en la Liga Iberdrola asegura que la está viendo como “una competición que te exige mucho técnicamente, te pone retos, es una liga competitiva y todos los equipos pueden ganar. Te ayuda a trabajar más cada día y a mejorar en cada partido”. Como reto personal se fija el “aportar lo mejor de mí y que el estar aquí me ayude a crecer como futbolista y persona”. Pese a que lleva pocos meses en el vestuario del Levante UD Femenino, estos han sido suficientes para demostrar su carácter afable que le ha llevado a ganarse el cariño de los integrantes del club y también el de la afición granota.