Mirada Azulgrana

“El recuerdo que tengo del Levante es inmejorable”, advierte Miguel Tendillo iluminando su expresivo rostro con una amplia sonrisa, quizás como si tratara de poner en orden su memoria para ligarla a los distintos acontecimientos que vivió en primera persona como futbolista de la institución azulgrana hacia finales de la década de los cincuenta. El torrente de emociones que presenta es continuado. “Mira las dos alegrías más grandes que tuve futbolísticamente en doce años jugando como profesional fue mi debut en el Levante y el ascenso que conseguí con el Eldense a Segunda División en 1962”, reverdece. La secuencia que supuso su estreno con la camiseta granota se mantiene indeleble. Nada lo destierra de su cabeza. “Debuté con veinte años en un partido ante el Recreativo de Huelva. Ganamos tres a cero”. El defensor reconoce que le costó conciliar el sueño en las horas previas a su desembarco en el feudo de Vallejo tras conocer su inclusión en el once titular. Los nervios le carcomían. “Álvaro me dijo el viernes que iba a jugar. Me comentó que estuviera tranquilo, pero la verdad es que no puede dormir”.
Las evocaciones de aquella jornada, que significó un salto de dimensiones considerables en su currículum personal, adquieren mayor profundidad. “Losco, un jugador ya veterano que jugaba de lateral izquierdo, se lesionó y Álvaro me subió al Levante”. Tendillo, iniciador de un saga de defensores todavía en plena vigencia, puesto que su nieto milita en el Alzira, y su hijo, Miguel Tendillo, hizo fortuna defendiendo las camisetas de la Selección Española, Valencia, Murcia, Real Madrid o Brugos, hizo el tránsito desde el Portuarios, club que ejercía de filial, al primer equipo que militaba en el Grupo Sur de la categoría de Plata. Fue en el segundo tramo del ejercicio 1957-1958. No hubo una prebenda por la victoria, pero la directiva tuvo un detalle con el grupo. “Nos pagaron una cena por el triunfo”, admite esbozando una sonrisa.
Invocar a Tendillo, que nació en Campillo de Altobuey (Cuenca) y emigró junto a su familia a Valencia con catorce años, significa recuperar una porción de la historia levantinista y situar la cronología y el tiempo en la España tornasolada de finales de los cincuenta. El país trataba de abrir sus fronteras, tras un largo período de aislamiento entre penumbras, como secuela de los acuerdos alcanzados, con anterioridad, con la Santa Sede, pero principalmente con los Estados Unidos. El contexto de la Guerra Fría supuso una variación drástica del destino de la Dictadura del General Franco. Los estamentos que conformaban el Levante con Antonio Román a la cabeza trataban de incluir a la escuadra azulgrana en el universo de la Primera División. Era una apuesta arriesgada para un club escaso de recursos monetarios y un sueño que Tendillo y sus compañeros rozaron en la temporada 1958-1959, aunque el desenlace definitivo se tornó en tragedia. “Promocionamos ante la U.D. Las Palmas. Solo ascendía el primer clasificado y quedamos segundos en la Liga. Jugamos la liguilla, pero finalmente no ascendimos”.
En aquel equipo había nombres de resonancias bíblicas en la historia centenaria del Levante. Wilkes y Paredes ejercían de tenores destacados y protagonizaron la secuencia del gol. El defensa cincela las características de dos atacantes de perfiles contrapuestos. “Wilkes era tipo Messi”, acentúa sin pestañear. “Cogía el balón en el medio del campo y se iba a cara a gol y con el cuerpo tumbaba a los adversarios y casi siempre la acción acababa en gol. Y eso que aquí vino mayor”. Paredes contenía otros rasgos. Era un auténtico acorazado en el área. En ese espacio era infalible. “Era el clásico delantero centro antiguo. ‘Céntrame a mí’. Muy buen rematador de área. Wilkes jugaba más bien atrás. Paredes era un punta nato, un delantero centro y Wilkes hacia de interior de enlace, como se decía entonces. Él bajaba unos metros mientras que Paredes se peleaba con los defensores para que el otro llegara mejor”.
No obstante, no se olvida del resto de la tropa. No eran comparsas. “Había gente muy buena y rápida. Yo me acuerdo de Vila, Guerrero o Rafita que era una maravilla técnicamente. Areta I, Losco o José Luis eran más veteranos. Teníamos un equipazo. No habría mucha diferencia con los de hoy. Wilkes y Paredes harían mucho”. Su memoria es más extensa. Había futbolistas curtidos en mil batallas. “Monchito, que jugaba de extremo izquierda, era un tipo Gento, pero más bajito y muy rápido. Y Llona era un todo terreno. Nos hacía de tercer medio”. Aquel Levante moraba como local en viejo Vallejo. “Tenía don”, lanza cuando rememora la figura del coliseo de la calle de Alboraya. “Era un campo muy familiar. La grada estaba muy cerca. Creo que cabrían siete u ocho mil aficionados. Lo oías todo”.
Y las anécdotas regresan en el tiempo para ratificar que hay una mutación importante entre el pasado y el presente. “Jugamos un partido contra el Granada y el Levante no estaba bien económicamente. Hicimos el viaje en coches particulares. Wilkes tenía un Opel, todo un cochazo por entonces, y yo fui con el coche de Wilkes con todos los veteranos. Ahora parece complicado”, resalta estableciendo las distancias. Hay más. Los desplazamientos se convertían en auténticos desafíos. “Los autocares no tenían las comodidades de ahora. A veces salías el viernes por la tarde porque era imposible salir el sábado y llegar”. ¿Y qué diferencias hay entre el fútbol de ayer y de hoy? Fútbol en blanco y negro contra el fútbol de las nuevas tecnologías.
Tendillo tira de orgullo para resaltar las cualidades de aquellos jugadores. Las distancias no son tan acentuadas según defiende con pasión. “Nosotros teníamos mucha calidad. Jugábamos más al ataque de lo que se juega ahora. Jugábamos un tres-tres-cuatro. Ahora sales con un punta o dos como mucho. Entonces no. Lo máximo que teníamos era un interior de enlace que se metía entre los dos medios. Los extremos eran extremos-extremos. Álvaro me decía que de mediocampo hacia adelante ni se me ocurriera pasar”. Y aporta un dato que parece devastador para confirmar la filosofía impuesta así como la disposición y vocación. “Jugábamos tres defensas. Yo nunca jugué con libre”.
De vuelta al tiempo presente, y cuestionado por el semblante del Levante, enfatiza la superioridad y la supremacía que muestra el bloque que prepara López Muñiz en el marco de LaLiga 1|2|3. “Creo que tendría que venir una riada, tal y como veo la temporada, para no subir”. Como premisa indisociable a este comportamiento resalta la capacidad de adecuación a la división. Es un aspecto decisivo. “El Levante se ha amoldado muy bien a la categoría”. No parece una condición sencilla. “Mira los otros que bajaron por dónde van. Muchas veces los equipos que bajan las pasan canutas. Cambia mucho la forma de jugar de Primera Segunda. Los de Primera van como balas. Cuanto más juegas y más te dejan jugarla y cuanto más bajas no dejan ni pararla”.