Paco López se ajustó las botas la tarde del sábado 21 de junio de 1995, en un acto cotidiano durante la década de los años noventa, para defender el escudo de la sociedad azulgrana sobre el césped del actual Estadio Ciutat de València. Quizás la fecha no advierta de la significación de aquella confrontación, pero todo comienza a tener tiene sentido si se recuerda que enfrente de la escuadra que entrenaba Juande Ramos surgía la estela del Écija. Esa segunda variable se antoja fundamental para captar la atención de aquel encuentro que podía proyectar al Levante al universo perdido de la Segunda División A después de varias temporadas en luna decreciente como bloque de la categoría de Bronce. El feudo del barrio de Orriols presentó sus mejores y más distinguidos enseres. Era la penúltima jornada de la Promoción de Ascenso, que había reunido al Pontevedra, Numancia y Écija junto al club levantinista, y no parecía una ilusión, carente de razonamientos, mutar la condición deportiva azulgrana.

El único requisito ‘sine qua non’ subordinaba de forma inexcusable el triunfo blaugrana a una victoria local en el choque que cruzaba al Pontevedra y al Numancia en el viejo Pasarón. Y los astros parecían alinearse a la conclusión del primer acto en favor de los intereses granotas. El Levante sometía a su adversario (2-0) y el Pontevedra desnortaba al Numancia. Antes Paco López había adquirido protagonismo y efervescencia dando muestras de su ingenio y de su talento con la adquisición de dos goles que allanaban el camino de una confrontación que resultó tortuosa y que posiblemente rasgó el alma de una generación de fieles seguidores azulgranas. En ocasiones, no hay interpretaciones racionales para descifrar los hechos acontecidos sobre el césped. Hay partidos que escenifican la tragedia. Puede que fuera el caso.

El Écija se rebeló en la reanudación para amotinarse. El espíritu azulgrana quedó maltrecho y ajado sobre el verde en una tarde de signo apocalíptica (2-4). Paco López no concluyó ese duelo tras su expulsión en los minutos finales. Fue su postrera aparición con la elástica levantinista. La entente entre el jugador valenciano y el Levante nació con anterioridad en el tiempo. Paco López sumó argumentos al ataque azulgrana con motivo de la apertura del mercado invernal. Juanfran, un joven que trataba de buscar su destino en el fútbol como miembro de aquella plantilla, descifra sus prestaciones.

“Era un extremo muy rápido y de mucha calidad. Tenía muy buena zurda”. El sempiterno Paco Fenollosa añade cualidades. “Tenía mucho carácter y era muy valiente”, sostiene el presidente de Honor. Sus ojos conforman buena parte de la memoria del Levante.  Paco López cambió el Extremadura por el equipo de Juande Ramos en enero de 1995. Persistían los colores que identificaban a ambos clubes, mutaba su rol. Debutó en el Ciutat el 22 de enero en una confrontación entre el Levante y el Europa y estrenó su condición de goleador en el Clariano frente el Ontinyent el 4 de febrero. En su periplo consignó once goles con las barras azules y granas. No echó raíces en el Levante de mediados de los noventa.

El final del ejercicio liguero significó su crepúsculo, pero su currículum sería mucho más profundo con muescas en el Castellón, Murcia y Benidorm. Su ocaso como futbolista profesional, en el nacimiento del tercer milenio, marcó el principio de un proceso de reconversión que le dirigió hasta los banquillos. No fue una metamorfosis repentina. Los que le conocen resalta que escondía un entrenador en su interior. Únicamente era cuestión de tiempo que se materializara. Dos décadas separan aquel pasado del presente y las transformaciones son más que evidentes.

Paco López regresó en el verano de 2017 a la entidad del barrio de Orriols. Las transformaciones son notables. Hubo unanimidad en cuanto a su elección. “Herni (José Hernández, responsable del área deportiva del Filial y Juvenil) me presentó un listado de candidatos para dirigir al Atlético Levante y él estaba entre los elegidos. Cuando supimos que estaba dispuesto a venir no nos lo pensamos más”, asume Tito en calidad de Director Deportivo de la entidad. En consenso fue absoluto. No hubo pareceres de opiniones divergentes en torno a su figura. El filial había consumado el descenso a Tercera División hacía escasas semanas, pero ese aspecto no fue un inconveniente insalvable para el aterrizaje de Paco López.

“Estoy convencido que es un cuerpo técnico de superior categoría”, advierte Santiago Carpintero incluyendo en el registro a sus colaboradores. El mediocentro azulgrana, incorporado durante el período estival como adjunto del área deportiva del Filial y Juvenil, no tiene dudas acerca de sus conocimientos. “Sus sesiones son muy dinámicos y sabe cómo manejar a los chicos. No hay más que acercarse a un entrenamiento para ver el ambiente que genera”, añade. Herni ofrece más argumentos. “Lo que más me llama la atención es su capacidad para seguir aprendiendo. Eso te permite evolucionar y estar al día. Y eso es fundamental en esta profesión”. No es el único componente que acentúa. Los flujos de comunicación son fluidos. Es un valor a destacar. “Es muy accesible y puedes cambiar todo tipo de información con él. Siempre sabes que te escucha y que valora todo aquello que le trasladas”, resalta.

Metódico y sistemático en el trabajo. Nada queda al azar. Tan relevante es aquello que sucede en el interior del verde como lo que acontece en el exterior. Ese equilibrio conlleva el éxito. Lo cierto es que el desafío naciente era dual. Los filiales suelen tener sus propios códigos y unas leyes singulares que les distancian del resto de los equipos contra los que compiten. Quizás el aspecto capital sea la extremada juventud de sus miembros. La experiencia es un componente que no cotiza al alza en estos colectivos en su mayoría todavía en formación y con un escaso bagaje en un balompié que comienza a profesionalizarse y que exige unas respuestas que hay que desentrañar desde el conocimiento y la experimentación.

La edad media suele dibujar una curva descendente para situarse en la frontera de los veinte años. En esos aspectos condicionan todas las decisiones adoptadas en la resolución postrera. Hay que aunar aspectos técnicos con componentes formativos para la elección del entrenador. Y no hay que desdeñar la vertiente humana cuando te enfrentas a futbolistas con la etiqueta de neófitos entre sus pertenencias. Desde ese prisma hay que establecer unas pautas a seguir y ceñirse a ellas para la elección definitiva. En este caso nadie presentó objeciones sobre su candidatura.

Quizás la idoneidad de Paco López residía en el diseño de su propio currículum tras su paso por las canteras del Valencia y del Villarreal al frente de sus respectivos filiales. El hecho no era menor partiendo de estas singularidades advertidas. Detrás de la condición de preparador tiene que existir una vocación pedagógica para transmitir una idea y una filosofía deportiva. Y a veces no es fácil conjugar tales ingredientes. Paco López cumplía con la totalidad de esos requisitos. En la sala noble del club no existieron interrogantes que desvelar. “Si te fijas en la evolución del equipo, desde el inicio de los entrenamientos en el verano hasta ahora, ves que hay un crecimiento continuado”, sostiene Carpintero.

Quizás los resultados obtenidos en el grupo VI de Tercera División alimenten esta tendencia que se caracteriza por el progreso. Del Atlético Levante que perdió ante el Alzira al mismo colectivo que salió fortalecido del desafío de Castalia ante el C.D. Castellón media un abismo Su personalidad se ha ido perfilando y su juego ha adquirido consistencia. Hay una filosofía que va calando. El equipo se ha instalado en la zona noble de la clasificación. Durante semanas ha gobernado la tabla desde el punto más alto mostrando con claridad la proyección de un grupo que asume el reto que implica retornar a la categoría de Bronce.